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viernes, 11 de mayo de 2012

Ejercitando el optimismo



Les propongo que la semana que nos espera por delante, sea una semana en la que se sientan motivados y optimistas, y para ello lleven a cabo el siguiente ejercicio:

• Hagan desde el lunes por la mañana, en cuanto se levanten, el ejercicio de instruirse mentalmente diciéndose que va a ser una buena semana, que las cosas van a salir bien y que, si hay imprevistos y dificultades, sabrá superarlos, ya que confía en sí mismo y en su capacidad de enfrentarse racionalmente a lo que se presente.

• Piense también qué premio va a darse cada día: un paseo al acabar el trabajo, un café, una película que está deseando ver… Empiece la semana con pensamientos positivos acerca de que va a discurrir la misma con el control y la calma que su serenidad va a darle a los acontecimientos que se vayan presentando.

• Además, lleve a cabo en esta semana algo que le resulte incómodo hacer. Por ejemplo, esa llamada de teléfono que está postergando, acudir al gimnasio aunque no le apetezca, hablar con tal o cual cliente particularmente difícil… es decir, enfréntese para hacer algo que, en principio, está postergando, lo que le hace sentirse mal y perder confianza en si mismo.

Si lleva a cabo estos ejercicios ganará confianza en sí mismo, seguridad, y sentirá, si los realiza cada día, que se producen cambios internos que le hacen sentir mejor.

Practique y sea constante. Los resultados son reales. Compruébelo.


martes, 13 de marzo de 2012

Nuevas personas llegarán


Teresa Díaz Bada.
Cuando una relación amorosa acaba, en contra de lo que nosotros deseábamos, es muy frecuente que nos asalten todo tipo de pensamientos catastrofistas, del tipo: “nunca voy a encontrar pareja, es que no soy lo suficientemente interesante, soy fea/o, no resulto atractivo/a…” etc, todo tipo de pensamientos negativos acerca de nuestra valía y de la incapacidad que ya vamos a tener para ser felices “¿Quién nos va a querer?”, nos preguntamos ahogándonos en una espiral de pensamientos negativos, de la que subimos y bajamos, mortificándonos, a veces durante mucho tiempo.
Sin embargo, la vida siempre nos pone en el camino a nuevas personas, nuevas historias que podemos vivir, siempre y cuando nos dejemos. No hay nada peor que pensar que fulanito o menganita “es el amor de mi vida y sin él /ella jamás seré feliz”.
La idea romántica de una única persona que encontraremos en la vida, y que ella o él y solamente él o ella, podrá hacernos feliz, es tan frecuente en nuestro imaginario colectivo, como falsa.
Precisamente, una de las cosas buenas de la vida es que podemos volver a enamorarnos, porque aunque la persona que nos ha dejado, su ausencia, traición, deslealtad o desprecio, nos duela profundamente, pasado un tiempo, y poniéndole ganas, si miramos bien, encontraremos a otra persona que llenará nuestros pensamientos, que nos producirá el mismo arrebato apasionado que vivimos anteriormente y con la que podremos establecer la relación de compromiso que queramos… ¿La clave? Permitirselo.
Y permitírselo y ponerle ganas, no es salir inmediatamente a buscar pareja, sino cambiar la actitud y creer firmemente que nadie somos insustituibles y que siempre hay personas que merecen la pena.
Por eso empeñarse en maximizar la pérdida conduce irremediablemente a sentirse peor. ¿Dónde esta escrito que no podamos vivir sin el otro? Seamos realistas, afrotunadamente nadie se muere de amor, y aunque el desamor duele, la verdad es que como de todos los sufrimientos que nos toca pasar en la vida, de éste también se aprende. ¿No es mejor pensar “para qué suspirar por alguien que realmente no me quiere, que no quiere estar conmigo”?
Reconduzca sus fuerzas y sus esfuerzos. La realidad no es que usted sea menos atractivo/a, menos inteligente o guapo. La realidad es que esa persona no le quiere lo suficiente, por lo menos no lo suficiente o como usted quiere que la quieran…así que, déjela partir y reármese mentalmente para seguir adelante y para estar atento porque la vida siempre nos pone personas y situaciones nuevas cada día… Deje de lamentarse y mortificarse con ideas absurdas y esté atento, porque siempre hay una nueva persona que le llenará, que le gustará y de la que se enamorará. Simplemente tiene que darse permiso a usted mismo para que eso suceda.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Sin lamentos

“Si me ocupo, no me preocupo…”, me decía hace unos días uno de mis pacientes.
Con frecuencia, cuando nos encontramos mal, esperamos a que la situación cambie pensando que tiene que ser así, sin que nosotros tengamos que intervenir en el proceso. Es como cuando tenemos fiebre y esperamos que ésta remita con el antitérmico que hemos tomado. Pero claro, cuando son cuestiones relacionadas con nuestra mente, ¿qué antitérmico nos tomamos? Todavía no se ha inventado la pastilla que produzca un cambio en nosotros y nos “guíe” sobre lo que tenemos que hacer.
No estoy hablando de procesos psicológicos depresivos o de otras enfermedades mentales, sino de aquellos sufrimientos cotidianos que nos acompañan a la mayoría de la personas, nuestras dudas, problemas y sufrimientos cotidianos que, definitivamente, influyen también en nuestro estado de animo y nos hacen vivir con dificultades y malestar.
Por eso, como me decía mi paciente, es importante recordar que solamente mi propia iniciativa y mi postura activa hacia esa preocupación, adversidad o problema, hará realmente que lo solucione.
Primero será necesario cambiar la actitud mental, evaluando hasta qué punto eso que me produce sufrimiento es real o no, o estoy anticipando problemas que todavía no han ocurrido, dramatizando innecesariamente. En segundo lugar, debo ocuparme, distraerme y centrar mi mente en otras actividades, que no sean el rumiar continuamente mi preocupación, arrastrándome a un callejón mental sin salida.
Es decir, primero controlo mi mente, me sereno y analizo realmente qué puedo hacer; luego paso a las acción, ocupándome y tomando una postura activa ante mí mismo y ante la vida que llevo. Fuera lamentaciones que no conducen más que a paralizarnos y a seguir en el malestar. Recuerde que adversidades hay muchas, pero enfrentarse a ellas siempre produce fortaleza y crecimiento interior.  

lunes, 7 de noviembre de 2011

Felicidad

Teresa Díaz Bada. Dicen que Abraham Lincoln sentenció: "La mayoría de la gente es tan feliz como ha decidido serlo". Cuando preguntas a la gente qué es para cada uno de ellos la felicidad, las respuestas son muy diversas, pero casi todas se resumen en vivir tranquilos, sin agobios, con esa tranquilidad interna que nos hace sentir bien. De todos es sabido que no es necesario poseer grandes cosas materiales. De hecho, hay ejemplos de personas que en un golpe de suerte ganan grandes cantidades de dinero y, sin embargo, al poco tiempo acaban sintiéndose mal y perdiéndolo todo.
La auténtica felicidad empieza por decidir ser responsables de nuestra propia felicidad, es decir, decidir qué actitud tomar ante nuestra vida. Debemos optar más por pensar en lo que tenemos que en nuestras carencias; centrarnos y pensar más en aquello que en el día a día nos hace sentir bien. Tener un pensamiento positivo invariablemnte nos hace sentir mejor, ya que dichos pensamientos posibilitan que los neurotrasmisores noradrenalina, dopamina y serotonina se secreten más y estos neurotransmisores son los respoensables de nuetsro bienestar.
Ser feliz puede representar un gran esfuerzo. Es como limpiar una casa: hay que cuidar las cosas de valor y echar fuera la basuar. Hay que encontrar invariablemnete el lado positivo de las cosas y tomar la decisión de dejar de sufrir y propiciar el cambio. De esta manera la felicidad es, a fin de cuentas, una decisión, la decisión de vivir el presenete, de recordar que nuestro tiempo es limitado y que depende de cada uno el sentirse bien.

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